Opinión

La condena que hemos elegido

R.C. DEPORTIVO

Ser del Deportivo es una condena que se elige, con víctimas orgullosas de serlo y de exhibir sus heridas por la ciudad o por el mundo adelante. El aficionado blanquiazul suele tener a la desgracia como mejor amiga, pero el palo de Son Moix fue demasiado duro. Quizás uno de los más grandes en la más que centenaria historia del Deportivo, tanto por lo doloroso como por la atmósfera de ilusión que se había creado en torno a él. Fueron tres semanas en las que la campaña del Lume empezó como una maniobra de marketing y acabó como la chispa de una alegría y un boca a boca generalizados. Las hazañas del equipo, como esa segunda parte excelsa frente al Málaga, también ayudaron a recuperar un aura de magia en torno al club que no se había sentido en demasiados años. Era increíble. Salir a la calle y no ver a alguien con un motivo blanquiazul se había convertido en misión imposible. Lo llevaban adultos con años de gloria y desgracia en las espaldas, pero también niños que ni siquiera habían nacido en el ascenso del Jaén. Gente de todas las edades, estratos sociales e ideas doblaron la cifra media de asistencia de Riazor durante el año. Debates sobre oportunismo aparte, todo estaba volviendo a ser como más deseaba la gente que quiere a este equipo. La comunión con él, antes considerada imposible, fue un hecho en cuestión de días. El Deportivo volvió a provocar un culto necesario en estos tiempos de desdicha tan llenos de lágrimas, pero en el fondo todos creían que la felicidad y la ilusión aumentarían más si cabe la potencia de un posible golpe en la cara. Pasó, y de la forma más cruel.

Cero excusas para no estar el día uno en la cola de los deportivistas que quieran renovar su condena, porque sin toda esta cantidad de desgraciados no habría club

Los responsables de la puñalada en el corazón que fue el partido de Mallorca tendrán la misión inexcusable de arreglar sus errores y trabajar en otro intento de ascenso, pero la misma afición que tanto se ilusionó con un posible final feliz de este primer tren de regreso tampoco debería librarse de actuar. En las desgracias que tanto caracterizan a este club durante los últimos tiempos, aunque parezca contradictorio, se debe exprimir todo aquello que pueda ser positivo. La comunión reciente debe ser ese rayo de luz necesario para afrontar una circunstancia que no se vive desde hace mucho tiempo: vivir en el pozo por segundo año consecutivo. Cero excusas para no estar el día uno en la cola de los deportivistas que quieran renovar su condena, porque sin toda esta cantidad de desgraciados no habría club. O sí, pero desde luego no con su magnitud.

No espero que en la jornada 1 o 2 de la próxima temporada se repitan los 29.300 de la esperanzadora victoria contra el Mallorca, pero parte de esta condena consiste en estar en las malas. Es lo que vendrá. Las muy buenas, desafortunadamente, son más que pasado y no aceptarlo como tal es un muro para apoyar al equipo en sus circunstancias actuales. Pedir algo así a un afición tan numerosa y con tantas razones para abandonar es incluso egoísta, pero qué buena noticia sería para todos que el Lume que tanta gente avivó no se apague. Depende de nosotros mismos.

To Top