Opinión

En defensa de Pedro Mosquera… y del Deportivo

RCDEPORTIVO

El 12 de febrero 2016 el Deportivo y Pedro Mosquera firmaron una ampliación y mejora en las condiciones del contrato que habían pactado apenas siete meses atrás. Todo se había precipitado cuando se supo que el Valencia estaba dispuesto a abonar la claúsula de rescisión del futbolista y llevárselo a Mestalla apenas 48 horas antes de que cerrase del mercado invernal. Mal momento para acabar de instalar la base de datos. Tres años y medio después, cuando quedaban dos más por cumplir de aquel acuerdo, ambas partes se citaron para negociar una rescisión. En el acto final el club se arrogó la decisión definitiva, un paso que nadie hubiera imaginado aquel día en el que Riazor aplaudió en el minuto cinco de un partido contra el Rayo Vallecano la decisión de Mosquera de quedarse en el equipo de su ciudad.

Mosquera había llegado con la carta de libertad al Deportivo, pero también con la baza de haber pactado una rescisión relativamente asequible si su fútbol le revalorizaba: 4 millones de euros (más IVA, que en todo caso ahora el club sí devuelve en la preceptiva declaración trimestral) debía dejar el Valencia en la Plaza de Pontevedra. Jugó media temporada magnífica, con los galones que le concedió Víctor Sánchez del Amo para pilotar al equipo desde la cabeza del área viendo el fútbol de frente, en una posición en la que apenas se había prodigado hasta entonces, pero en la que se encontró tan cómodo que desde entonces se ha sentido desplazado cuando debió realizar otras misiones.

Tras firmar aquel vinculo blanquiazul hasta 2021, Mosquera jugó los catorce partidos restantes de la temporada, apenas se perdió el cuarto de hora final del último duelo del campeonato contra el Madrid, un trámite después de sellar la permanencia en Villarreal en la que fue la segunda y última victoria del Deportivo en aquel tramo del campeonato. Con un vestuario en llamas, Victor salió del equipo. Desde entonces han pasado por el club Gaizka Garitano, Pepe Mel, Cristóbal Parralo, Clarence Seedorf, Natxo González, José Luis Martí y ahora hace sus primeras armas Anquela. Con ninguno de ellos logró estabilizarse Mosquera en el once. Con una particularidad: para todos partió como un favorito a la titularidad.

Entre tantas y tan variadas apuestas, la última del club llegó el pasado verano cuando tras el descenso y la precariedad económica consiguiente se optó por convertir a Mosquera en una de las banderas del equipo y se le decidió mantener un salario de Primera División para que fuese un futbolista importante en el intento por regresar a la máxima categoría. No logró serlo. Fue titular en cuatro de las primeras siete jornadas, pero en la cuenta final apenas completó seis partidos en toda la Liga. En definitiva: no participó en 25 de las 41 jornadas, tampoco disputó un solo minuto de los cuatro partidos de la fase de promoción. Cuando en Mallorca faltó Álex Bergantiños el entrenador le dejó en el banquillo y optó por alinear una medular sin un mediocentro posicional, con Vicente Gómez y Edu Expósito, tal y como había decidido en la ida tras la aparatosa lesión de Álex. Justamente Martí fue otro más en la lista de técnicos que partieron con la idea de un Mosquera titular. Le dio ese rol en su estreno en Pamplona contra Osasuna. El tramo final del siguiente partido en casa contra el Extremadura fue su epílogo a su trayectoria blanquiazul.

El principal problema que ha tenido el Deportivo con Mosquera es que los entrenadores no le ponían

Ahora se suceden estadísticas y comparaciones. Con Mosquera en el equipo el Deportivo obtenía mejores resultados que sin él. Brotan las opiniones, así que daré la mía. Creo que Mosquera es un excelente futbolista y que como mediocentro es además un jugador que entra por los ojos. Elegante, con clase, con panorama y repertorio, con más esfuerzo del que muchos le suponen y alguna laguna que tiene que ver con lo coriáceo e invita a pensar si a lo mejor no es el mediocentro equivocado en sitio y momento erróneo. Pero los hechos me desmienten porque además ni soy entrenador, ni tengo la capacidad ni el conocimiento para serlo y opino no solo desde ese punto de vista sino del que no trabaja en el día a día con el jugador.

Porque el principal problema que ha tenido el Deportivo con Mosquera es que los entrenadores no le ponían. Que en su día pequeñas lesiones encadenadas ayudaron a que además no pudiese tener continuidad y que luego no consiguió convencer a entrenadores de todo tipo y condición, los que esperaban atrás a restar y los que querían la pelota para proponer. El problema es que le daban oportunidades y le acababan por quitar, aunque los legos no lo entendamos. Y que en la última temporada no ayudó (obviemos responsabilidades, centrémonos en el hecho) al equipo a la altura de lo que se podría demandar de su salario.

Si la noche de San Juan hubiésemos festejado un ascenso aún podría pensarse en un futuro deportivista para Mosquera. En Primera y con un tope salarial que permitiría sostener el acuerdo firmado en febrero de 2016. En el escenario actual, con un segundo año en el escalón inferior, parece imposible defender que el Deportivo deba destinar una décima parte de su tope salarial a un futbolista que en la fase decisiva del último campeonato se quedaba fuera de las convocatorias.

A veces la realidad es así de dolorosa, así que instalados en el dramita vayamos con las preguntas sobre qué se supone que debería hacer el Deportivo. ¿Presionar, incluso ante la opinión pública, para que rebaje los emolumentos que en su día le firmó entre la algarabía generalizada? ¿Pagar a tocateja lo acordado sin buscar un acuerdo que le libere de abonar una parte? La primera respuesta debe ser por fuerza negativa y parte desde la ética que se debe a los pactos libremente aceptados, incluso en este caso buscados por el club. Mosquera se ganó ese contrato y su comportamiento siempre fue ejemplar. La segunda se responde sola si se atiende a lo que sucede en otras entidades que no atendieron a la obligación de rebajar sus cotas salariales. Ya no es una cuestión de que el club crea o no en el futbolista sino la necesidad de que su presencia, que además por desgracia ha derivado en marginal, no hipoteque la disponibilidad económica para conformar una plantilla con poco más de 10 millones de euros. Porque por encima de la defensa de Mosquera debe estar la defensa del Deportivo.

El fútbol a veces tiene misterios complicados de sondear. Mosquera parecía un buen negocio en 2016. Cobrar cláusulas de rescisión o cerrar ventas de futbolistas también suele serlo porque la pelota es eterna y siempre encuentra nutrientes que la alimenten. Ahora en su puesto llegará Nolaskoain, un cedido a la espera de que la situación deportiva del club se defina a mejor, y a la puerta empieza a llamar otro mediocentro zurdo y coruñés que debería de jugar esta temporada en un escalón superior al de Tercera División, Yago Gandoy.

En defensa de Pedro Mosquera… y del Deportivo
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