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La tibia aportación de los jugadores que siguieron tras el descenso

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Pedro Mosquera sumó en Oviedo su segunda jornada consecutiva fuera de la convocatoria y vio el partido desde la grada. La situación invita al debate sobre si el entrenador se equivoca o no en la decisión, pero también a reflexionar sobre el papel no solo de uno de los futbolistas que deberían ser bandera del equipo sino de todos los que siguen en el equipo tras la desastrosa campaña anterior. Porque tampoco son importantes en la actual.

El pasado verano el Deportivo acometió una importante renovación en su plantel. El descenso conllevó de entrada una reducción sustancial en los emolumentos de los futbolistas. El club decidió mostrar la puerta de salida a algunos, otros la buscaron. Por otros se peleó y en algunos se confió. Siete jugadores continuaron, pero un repaso a su temporada no les deja, de momento bien parados respecto. Ninguno de ellos ha estado sobre el césped siquiera la mitad de los minutos disputados en lo que va de Liga. Son futbolistas llegados este verano como el meta Dani Giménez, la pareja de centrales que conforman Duarte y Marí, el canterano Edu Expósito o los delanteros Carlos Fernández y Quique González los que tiran del equipo.

Borja Valle es el futbolista más empleado por Natxo González entre aquellos que estuvieron el año pasado en plantilla. Es el que más se acerca al 50% de los minutos jugados, lleva 1346 con catorce titularidades en las 32 jornadas celebradas (la de hace un par de semanas contra el Reus contabiliza pero no se jugó). Una lesión que le tuvo fuera del equipo cinco jornadas y la sanción de cuatro partidos tras su discutida expulsión en Córdoba lastraron su primera vuelta. Llegó a la titularidad después de que Carlos Fernández se lesionase en Majadahonda, pero no marca desde el 20 de enero.

Ninguno de los siete futbolistas que continuaron en la plantilla tras el descenso han disputado en lo que va de campaña al menos la mitad de los minutos en juego

A Fede Cartabia todavía se le espera después de once partidos como titular y apenas dos de ellos completos. También, como en el caso de Borja Valle, su último gol fue en aquella jornada de enero contra el Albacete. Desde entonces su rendimiento ha decaído y en Oviedo salió desde el banquillo por decisión técnica más que por condicionantes físicos.

Mosquera y Krohn-Dehli siguieron en el equipo con la idea de que fuesen importantes en la medular del equipo. Todavía no lo han conseguido, ni tampoco se consolidaron como opciones favoritas para el entrenador. Se trata además de futbolistas de larga trayectoria en la élite. Mosquera llevaba seis temporadas consecutivas en Primera División, con casi 150 partidos de bagaje. En el actual ejercicio saltó al campo de inicio en once ocasiones, catorce en total y una única derrota, la sufrida en su última comparencia en el duelo en Riazor contra Las Palmas. El danés, a punto de cumplir los 36 años, solo había jugado como profesional en la máxima categoría. Esta temporada, antes de la lesión que le tiene fuera del equipo desde hace dos meses, intervino en catorce partidos y apenas disfrutó de ocho titularidades sin excesivo brillo.

Tampoco Bóveda disfruta de excesivos minutos. Natxo le quiso acoplar como central en el flanco izquierdo al inicio de la temporada, pero después de las tres primera jornadas le mandó al banquillo en beneficio de Pablo Marí. Cuando regresó fue para actuar como lateral derecho, pero no se pudo consolidar en el once. Sus dos últimos partidos como titular acabaron con sendas derrotas ante Mallorca y Las Palmas.

Carles Gil y Gerard Valentín completan la nómina de futbolistas que tuvieron continuidad en el plantel tras el descenso de categoría. Los dos salieron en el mercado de invierno. Entre los cedidos que han regresado, Saúl entra y sale del equipo y parece haber perdido la confianza de Natxo. Apenas Álex Bergantiños ha tenido continuidad en el once.

La tibia aportación de los jugadores que siguieron tras el descenso
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