El Rebumbio

No es una decisión sencilla

RCDEPORTIVO

Desconfío de todos los que se vanaglorian de saber que esto iba a ocurrir, que ya lo decían ellos, manoletes de faenas a toro pasado. Ninguno apostó ni un euro a lo que anunciaban con tribunera certeza ni fueron tan espabilados como para lucrarse con su preclaro conocimiento. Era hasta previsible una crisis en un colectivo que había hecho virtud de una regularidad tan extrema que hasta en sus mejores momentos fue incapaz de ganar tres partidos seguidos. Pero que tampoco perdía. Un equipo asentado en los puestos cabeceros de la tabla, los que se le suponen y también se infravaloran en una categoría selvática donde muy pocos marcan diferencias. Por eso es una segunda división. Lo que no se podía aguardar era este desplome. El Deportivo se ha caído, atenazado por sus miedos e inseguridades, incapaz de alzarse y prisionero de un quiero y no puedo entonado por su cristalino entrenador en sala de prensa.

Carmelo del Pozo, un hombre de dictados rotundos, está en la encrucijada. Debe valorar en las próximas horas si el aparentemente abatido Natxo González empieza la semana como entrenador del Deportivo y, sobre todo, tiene que ponderar lo que puede ofrecer un eventual y paracaidista sustituto para activar de inmediato al equipo. No es una decisión sencilla. Hay precedentes en ambos sentidos tanto en el Deportivo, donde anida la impresión de que en el pasado se tomaron decisiones muy volátiles sobre entrenadores, como en el contexto de la categoría. El Granada tomó la vía de la destitución el campeonato pasado y acabó de caerse, tampoco al Sporting le acabó por valer el cambio; al Valladolid le sirvió como reactivo. Osasuna optó por la continuidad y acabó fuera del play-off. Si no fuera por lo cruda de la situación y lo que el fútbol toca nuestra moral y sentimiento, resultaría hasta gracioso ver a tanto opinador en poder de verdades absolutas. ¿Alguien puede garantizar una decisión que ofrezca una solución? Ante quien diga que sí, hay dos opciones para valorarlo: o es un jetas o un mentiroso.

Y sin embargo un vistazo a la clasificación y al calendario que queda por delante invita a no arrojar la toalla, a no dar nada por perdido por más que haya quien esté más preocupado en sembrar tempestades, en mestallizar al Deportivo y proponer soluciones que blindan con lo ácrata. “¡Directiva dimisión!”, se llevó de nuevo el grito a la boca una respetable minoría en el estadio de Riazor. “¿Pero como se van a ir?”, dice alguno de ellos luego con la boca pequeña. El fútbol es un curioso teatrillo. “No le hagáis caso a las redes sociales”, piden también en la íntima confianza algunos de los que después las utilizan para echar gasolina al fuego. Aquí cada uno juega su papel.

Quien de verdad crea que el remedio consiste en dinamitar el palco tiene todo el derecho a expresarlo, como también a comprar las acciones que crean convenientes, a no comprarlas e incluso a pedir, sin ser ni abonado ni accionista ni siquiera deportivista, que se activen procesos electorales en el club cada verano. Cabemos todos. Otra cosa es que sea lo aconsejable si además tampoco hay nadie dispuesto a poner sobre la mesa soluciones mejores a las que se ofrecen ahora para el club. Así que no estaría de más que al momento siguiente de pedir dimisiones se gritase también el nombre de una alternativa que siquiera llegase a poderse votar. Y que se aceptasen decisiones sostenidas por mayorías búlgaras.

En el mes de junio, cada junio incluso, podremos hablar de otras cuestiones. Pero en el de abril y a nueve jornadas de acabar el campeonato, con el reto de al menos entrar en el play-off para litigar por una plaza en Primera, el menor de los problemas del Deportivo está en el palco. Así lo entiende además una amplísima mayoría del estadio, el verdadero senado deportivista, que tampoco censuraba en exceso al entrenador y que ahora mira hacia el banquillo con mucha mayor inquietud que hace pocas semanas. Ocurre por los marcadores, pero también porque Natxo ofrece señales de agotamiento y de desesperanza y, sobre todo, los jugadores están inmersos en un bucle infernal. Ante el modestísimo Rayo Majadahonda salieron al campo como los alumnos que se saben la lección, recuperaron el catecismo aprendido en verano, movieron la pelota, buscaron explotar las superioridades por fuera que ofrecía el rival, replicaron movimientos cien veces repetidos y que en octubre o en noviembre salían a la perfección. Pero no encontraron el hilo, lo perdieron y se desnortaron, griparon y no supieron como rearmar el motor. En la dificultad se desarmaron hasta quedar en pelotas ante un rival meritorio, pero de menos talento, conformado por jornaleros del balón.

El equipo está muy por debajo de su escudo y esa incapacidad sepulta a un grupo honesto, pero al que no se le apreció este sábado ni carácter ni liderazgo, apenas en Carlos Fernández, un cedido, casi un juvenil, el único al que se le vio tirar del equipo en lo futbolístico y en lo anímico. Un tipo al que no le pesa Riazor. A otros con más recorrido se les espera y mientras tanto lo que presenciamos es la agonía de un grupo incapaz de revolverse ante la falta de capacidad. Ni son mercenarios ni han dejado de respetar el escudo, son simplemente, en su mayoría, futbolistas de Segunda desesperados por no poder responder a la exigencia.

El Deportivo sigue vivo en la carrera por el ascenso porque el formato de la competición, con el play-off, así lo permite. Y seguramente se lo permitirá hasta el final. Pero la trayectoria no ayuda al ánimo. De los siete últimos partidos se empataron cinco y perdieron dos. En 2019 apenas se ganaron tres partidos, solo uno de ellos como local. Es en casa donde se edifican los ascensos y de las diez últimas comparencias en Riazor apenas se venció en dos. Perder contra el Rayo Majadahonda, no probar a su portero en 89 minutos va más allá de la línea del ridículo. Y sin embargo hay un espíritu de honestidad deportiva que obliga a exprimirse y seguir intentándolo porque además el éxito aún es posible.

Pero es imperativo definirse. Carmelo, al que han dejado y ha aceptado la soledad del mando, tiene por delante sus horas más decisivas desde que llegó al club, debe ponderar si Natxo dispone todavía del ánimo y de las herramientas para pilotar al equipo. Y si considera que no es así debe dar el volantazo y acertar. Una cosa es que sea un trabajo bien pagado y otra que sea fácil realizarlo. Prueben a hacerlo.

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