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Triple graduación en sufrimiento

R.C. DEPORTIVO

Si algo se le puede elogiar al actual Deportivo es la gran capacidad de superación ante la adversidad que ha adquirido durante las últimas semanas. No hace mucho que el mismo equipo y el mismo entrenador las pasaban canutas para cosechar algo positivo de sus compromisos, pero sí habían dejado alguna perla que ahora sirve de preámbulo perfecto para esta explosión de aguante. El Dépor, casi de la noche a la mañana, se ha curtido cual veterano de guerra y convertido en un superviviente. Ya comenzó su carrera en esta disciplina en viajes como Los Pajaritos y La Romareda, pero se ha graduado en sufrimiento en el momento de mayor exigencia posible. Le ha servido, sin ir más lejos, para meterse en la promoción de ascenso y en su final gracias a tres victorias consecutivas. Sí, las mismas que tanto se intentaron a lo largo de la temporada.

El Dépor se ha especializado en sufrir y salir bien parado de ello, y lo ha logrado tras superar tres exámenes de diferente naturaleza. El primero lo aprobó en la última jornada de la liga regular, cuando debía ganar al Córdoba sí o sí para agenciarse un puesto en la promoción. Era un equipo ya descendido, pero la obligación innegociable de sacar tres puntos se convertía en la primera prueba de toque de cara a un camino futuro que contaría con muchas más piedras. Los de Martí salieron a atacar desde el minuto uno, quizás de forma demasiado alocada, pero asumieron lo que había que hacer y lo lograron. Borja Valle anotó en la última jugada de la primera parte para destrozar esa muralla psicológica, y a partir de ahí todo fue viento en popa. El primero de los tres exámenes estaba superado, pero la curva de dificultad subió de forma realmente desnivelada en el choque de ida del play-off.

El Deportivo ha aprendido a sobrevivir en el mejor momento posible tras tres pruebas de diferente naturaleza

El Málaga comenzó su intención de asaltar Riazor con un rendimiento muchas veces mejor que el del Deportivo, e incluso anotó un gol. A los de blanquiazul les tocó sufrir por segunda vez en pocos días, pero literalmente dos minutos después lograron el empate. Otro pequeño objetivo, también superado. El segundo tanto del Málaga y el descanso con derrota parcial se convirtieron en un duro hecho a asumir, un examen parecido a exigirle a un niño de multiplicaciones y divisiones la solución de una integral. Aún así, el Dépor volvió a sobreponerse en su mayor demostración de dignidad en años. Conscientes de la obligación -nuevamente innegociable- de como mínimo marcar un gol, los de Martí -favorecidos por su cambio de sistema- no solo empataron, sino que lograron una ventaja de dos. La segunda prueba de fuego real se aprobó, y con matrícula.

La tercera aumentó la variedad de un catálogo que de por sí ya era denso. Estadio rival lleno, equipo enchufado y una renta que defender obligaron al Dépor a repetir lo que ya consiguió en La Romareda con un nivel de exigencia mayor y en unas circunstancias de mucho más compromiso. A los entonces vestidos de rojo les maniataron en los primeros compases del partido, pero volvieron a sobrevivir. El Dépor supo hacer eso y jugar con la presión cada vez más atosigante del Málaga por vencer, la misma que los coruñeses superaron en su choque ante el Córdoba. Detuvo todas las embestidas locales e incluso se llevó el partido en un arrebato de fortuna. Triple aprobado. Ahora quedan dos finales en las que consolidar todo lo aprendido en esta intensa carrera de obstáculos.

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