Opinión

Una guerra que perdemos todos

RCDEPORTIVO

En plenas vacaciones los deportivistas estamos entre aburridos, por la falta de fútbol de todos los inicios de pretemporada, y esperanzados porque queremos ensalzar siempre las virtudes de nuestros nuevos fichajes, aunque no los hayamos visto jugar jamás. Entre medias una vez más sale el manoseado tema de los horarios del fútbol, para que nos divirtamos un poco. Aunque de divertido tiene lo justo. Y además se nos presenta de la peor manera posible, que es una guerra competencial sin mucho sentido entre la Liga y la Federación Española de Fútbol, básicamente en torno al asunto singular de los partidos del lunes y del viernes.

Algunos aficionados blanquiazules responden alborozados a la decisión federativa de eliminar los partidos de Liga en estos discutidos días laborables. En algún caso parece que el Deportivo volviera a las glorias de antaño y hay personas que lo celebran como si de un título se tratara o, mirando objetivos más terrenales y más propios de los 113 años de historia del club y de la situación actual, parece como si ya hubiéramos conseguido el ascenso antes de empezar la temporada. Por ello me permito exponer unas reflexiones sobre un tema tan polémico y tan apasionante, y sobre el que no es la primera vez ni la segunda que humildemente le dedico unas líneas.

Creo que antes de empezar, deberíamos hacer el esfuerzo de olvidarnos de las personas que están al frente de estos dos organismos en conflicto, Liga y Federación. Las filias y las fobias por más que puedan estar justificadas, entorpecen el debate real y son árboles que no dejan ver el bosque. Así que olvidémonos de los protagonistas del conflicto, de Tebas o Rubiales, e intentemos objetivarlo al máximo.

La primera cuestión que debemos aclarar, porque creo que no se ha entendido suficiente, es que la supresión de los partidos de viernes y lunes, surge de una decisión de la jueza del Comité de Competición, que me merece el máximo de los respetos y no dudo de su buena intención, pero se trata de un órgano de la Federación Española de Fútbol, es decir, de una de las partes. No es una jueza, como parece que ha entendido alguno, perteneciente al poder judicial estatal. Tanto es así que su decisión ha sido recurrida por la Liga, y ese recurso sí se ha presentado ante un juez/a ordinario de lo mercantil, que en breve decidirá sobre la suspensión cautelar del acuerdo de la jueza de competición.

¿Qué quiero decir con esto? Pues que hay partido, nunca mejor dicho. Y mucho. Y no sabemos en que va a acabar este asunto. A mí me encantan este tipo de temas aunque no soy experto. Por ello volví a mirarme el Real Decreto Ley 5/2019 de 30 de Abril, sin que encuentre una opinión categórica acerca de quien puede tener la razón. El citado Real Decreto es el que regula la venta centralizada de los derechos audiovisuales de la Liga, que tanto han contribuido a aumentar exponencialmente los ingresos de los clubes de fútbol.

Parece claro que a la Liga le corresponde desarrollar la gestión de la competición “orientada a mejorar su impacto económico y su proyección internacional”. Esta clara atribución, ¿se extiende hasta fijar horarios y días en cada jornada? Puede dar la sensación de que sí, pero también es cierto que tiene el asunto cierto conflicto con las facultades regulatorias y organizativas de la Federación. En fin, hay debate.

Pero lo que no debería de haber es esta guerra que no conduce a nada, salvo a perjudicar a los clubes y a la competición. La unilateralidad y visceralidad con que se ha planteado esto, a escasas jornadas del comienzo de la competición, crea unos problemas que pueden llegar a tal magnitud que merecen, demagogias aparte, una seria reflexión.

El incumplimiento de los sustanciosos contratos audiovisuales puede llegar a ser una auténtica catástrofe para los clubs más necesitados

No nos hemos parado a pensar que la Liga ha negociado unos contratos con los operadores audiovisuales que para el trienio 2019-2022 alcanzan nada menos que 2.118 millones de euros por temporada, un 31% de incremento sobre el trienio anterior, el primero en que se puso en práctica la venta centralizada de estos derechos y que ya supuso un incremento brutal con relación al período en que cada club negociaba individualmente.

Tampoco hemos reparado en que estos derechos se reparten con criterios discutibles pero objetivos, a raíz del citado decreto. Evidentemente sigue habiendo mucha desigualdad entre equipos grandes y clases media y baja de Primera División. Sigue habiendo también una excesiva desigualdad entre la máxima categoría y el escalón inferior en el que está el Deportivo. Pero nada que ver con la negociación individual que cada año era más desigual hasta unos niveles obscenos. Evidentemente la capacidad de negociación individual del Real Madrid es estratosférica con relación a la del Fuenlabrada, pero la centralización permite unos mínimos que con la situación anterior eran impensables y permite una posible evolución de los criterios. Por eso los menos contentos con el reparto centralizado de derechos, son los equipos grandes.

Quizás no nos hemos fijado en que el incumplimiento de dichos contratos puede llegar a ser una auténtica catástrofe para la competición globalmente considerada y, sobre todo, para los equipos más necesitados. Aquí una vez más debo referirme a que el Deportivo está en un concurso de acreedores cuyo plan de pagos finaliza en el año 2048 y en el que la deuda más potente, la concertada con Abanca y procedente en gran medida de los impagos a la Agencia Tributaria, estará vigente hasta 2032.

Tomemos en cuenta que los ingresos audiovisuales tienen una gran competencia y muchas amenazas de futuro (la Champions en fin de semana, otras competiciones relevantes a nivel mundial como esa Liga Europea que está ahí latente…), y no sabemos cuando puede venir una posible burbuja que nos sitúe en otro lugar del mercado menos rentable. Es importante aprovechar estos buenos momentos para intentar sanear lo más posible a nuestro Deportivo, que sigue siendo el club en peor situación de la Liga en su relación entre deuda viva pendiente y recursos ordinarios generados por temporada. Es decir las amenazas de supervivencia han sido superadas a corto o medio plazo, pero a partir de 2023 puede volver la incertidumbre. O podrían adelantarse si el contrato excelente de 2019-2022 lo ponemos en riesgo.

Por ello tanto Liga como Federación deben ponerse de acuerdo y acabar con esta historia de terror para que nuestro Deportivo, con más motivos que otros, no se vea perjudicado con una ruptura de contratos televisivos que no sabemos a que lugar nos puede conducir, pero a nada bueno.

Todo ello sin olvidar la importante labor social desarrollada por la Liga, gracias a estos importantes ingresos, garantizada por el texto del Real Decreto Ley que incide en las ayudas al fútbol aficionado, la financiación de los sistemas públicos de protección social de deportistas de alto nivel o que participan en competiciones internacionales, el apoyo al fútbol femenino y otras muchas actuaciones. Desconozco si la Federación va a renunciar a los cuatro millones de euros que percibía hasta ahora por la autorización de los partidos en lunes y viernes.

A estas alturas, algunos ya me habrán condenado por no pensar en los aficionados que asisten estoicamente a los partidos y que no les hace gracia el tema de los horarios. Nada más lejos de la realidad. Yo soy uno de los perjudicados de que se jueguen partidos en viernes y lunes. Vivo a 70 kilómetros del estadio y me resulta complicado asistir a Riazor en día laborable. Aún así ojalá volviéramos a Europa para hacerlo. Más temprano que tarde, también volveremos.

Quiero introducir un nuevo debate, pero no acabo de ver que gravísimo problema tiene el partido del viernes a las 9 de la noche. ¿Qué hay gente que no le va bien? Por supuesto. Pero también hay mucha a la que el sábado sea por la mañana o por la tarde le va muy mal. El domingo a las 12 nos obliga a no prolongar mucho la fiesta del sábado y por la tarde, si es temprano, nos fastidia la comida en familia y si ya es hacia la noche los que somos de fuera nos quejamos, los mayores tienen frío y los niños van al colegio al día siguiente. La perfección no existe. Y menos cuando vamos a un modelo productivo en el que, cada vez más, hay un elevado número de trabajadores que tiene compromisos laborales en fin de semana. La explosión de la hostelería, turismo, comercio y demás servicios complementarios, que cada día representan un porcentaje mayor del PIB español y gallego, evidencian que la diferencia entre el viernes noche y el sábado, puede que no sea muy difícil decantarla a favor de la primera opción.

En cualquier caso, estoy totalmente de acuerdo en el perjuicio del partido del lunes, mucho más general, aunque curiosamente tengo amigos en la hostelería que solo pueden ir al fútbol ese día. Minoritario, pero real este dato.

Lo que no creo es que la fórmula para resolver este tema sea la guerra y la ruptura unilateral de los contratos audiovisuales por incumplimiento de estas ventanas horarias, cuyo perjuicio puede ser brutal para los clubes PARA LOS CLUBES, SEÑORES/AS. PARA NUESTRO DEPORTIVO, no para los jeques ni para las televisiones que ya lo cubrirán con el partido del lunes del admirado, por algunos, modelo inglés de la Premier. Ese modelo que provocaría aún más protestas que el nuestro.

La eliminación del partido del lunes entiendo que pasaría por una negociación con los adjudicatarios de los citados derechos en los que se determine cual es el coste de eliminar los partidos en ese día. Y después de conocer su coste, y su impacto sobre los clubes, tomar la decisión correspondiente. Eso sería un planteamiento racional. Mientras tanto se deberían adoptar todas las medidas para minimizar los daños que dicho partido provoca en aficionados y también clubes. Buscar partidos que no estén expuestos al movimiento masivo de aficionados visitantes, establecer un máximo de partidos por club, privilegiar partidos en escenario en los que el lunes sea festivo locales o víspera de festivos…

No lancemos diatribas contra el fútbol moderno, sin conocer el contexto. Y que no lo hagan precisamente aquellos que después no se conforman con los fichajes. Qué si estamos instalados en la mediocridad, qué por qué no fichamos a no se quién inasequible. Qué si por qué vendemos al jugador tal o cual. ¿Pólvora del Rey? Porque estos señores tiran del gasto, pero se olvidan de que hacen falta recursos y que estos mayoritariamente los proporciona la televisión. Pero también nos molestan otros ingresos. Queremos abonos que bajen. Los patrocinadores que pongan dinero, pero si se dedican a algo que no nos gusta o apoyan al presidente que nos cae mal, les insultamos. A los que ponen dinero en una ampliación de capital también, porque quieren mandar en un club, una sociedad, en la que por lo visto deben mandar unos señores que no ponen nada, salvo pegas a todo.

Siempre estamos a tiempo de odiar de verdad el fútbol moderno y hacernos del Silva, que por cierto bastante mérito tiene y bastante respeto merece por sus buenas temporadas en Tercera División.

Ah, ¿qué van poco más de cien personas a verlo? Caramba, yo creía que había más odio al fútbol moderno.

Una guerra que perdemos todos
Comments
To Top